miércoles 2 de junio de 2010

Dudas

¿Qué hacer cuando no estás seguro? ¿Qué camino tomar? ¿Y ahora qué? ¿Qué le digo a ella? ¿Qué me digo a mi mismo? ¿Dónde puedo encontrar respuestas? Desesperanza.

Hubo un tiempo donde tenía fe y anhelos. La gente compartía mi felicidad, mis emociones. Mi futuro se sostenía perfectamente, sin darme cuenta de los eslabones rotos del presente. Pero no importaba porque había esperanza, porque el camino era claro y la compañía, adecuada... mas no tardó en llegar el miedo.

En la duda me cierro en mí mismo. Ante la tristeza, me cierro en mi mismo. Comprendo entonces que la soledad y la tristeza son hermanas gemelas. Nadie sabe que estoy enfermo, nadie sabe que estoy perdido, ni siquiera lo sabe algún viejo amigo. Nadie sabe si hice algo mal. Imaginen la desolación. Miro a través de la ventana, de un lado del vidrio la gente está feliz y del otro, yo. Y todavía estoy aquí, sin tristeza, sin melancolía, sin remordimiento pero desolado, vacío, con dudas.

El mismísimo Javert vivió su vida con dudas. Vivió persiguiendo a quien creía que era un delincuente y las dudas lo guiaron en su búsqueda. La muerte fue la certeza al descubrir la verdad sobre su perseguido. La certeza fue la incredulidad ante una vida de preguntas. ¿Debo continuar teniendo esperanza? Ante la seguridad llegó la muerte.

Por eso me aferro a las dudas. Aunque vengan certezas, siento el sabor amargo que traen. Son respuestas a la desolación y se convierten en convicciones del abatimiento. Descubro que no quiero respuestas, que necesito las preguntas, que la duda es vida y vivir es preguntar.

Seguramente usted mismo, querido lector, conoce exactamente de la crisis de la que hablo. Quiero decirle algo que alguna vez me comentó John Patrick Shanley “las dudas pueden ser tan fuertes y sostenedoras como la certeza. Cuando están perdidos no están solos”.

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