viernes 10 de diciembre de 2010

Lluvia

Me gusta ver caer la lluvia desde mi ventana. Me gusta apoyar los brazos sobre el marco, la cabeza sobre los brazos y sentir el viento pegando en la cara. El sonido de los coches pasando sobre el piso mojado, las hojas moviéndose a centímetros de mi ventana y ese olor a agua tan único e incomparable.



Tal vez no haya imagen más triste o nostálgica, pero aún así amo los días de lluvia. Me gusta la lluvia y disfruto de la nostalgia. La tristeza me hace pensar, me hace mirarme para adentro. Cuando estamos angustiados, tendemos a revisar nuestro pasado e intentamos planificar el futuro. Ese sentimiento de lágrimas que se amontonan, una a una, en la garganta y la tráquea deteniéndolas, apretándolas, es para mí sinónimo de reflexión.

A veces, como hoy, cuando miro la lluvia desde la ventana puedo llorar. Las lagrimas van perdiendo su sal cuando corren por la mejilla, gracias a la fina capa de rocío que pega en la cara. Eso mismo pasa cuando pienso, el salado pasado se va endulzando al ver el hombre que hoy mira, sin rumbo fijo, por la ventana.

Los días de lluvia me gusta mirar por la ventana sin saber lo que es el arte, la muerte ni el amor.

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