miércoles 23 de febrero de 2011

La rosa encantada de Parque Chacabuco

Como todos saben, las calles del barrio de Parque Chacabuco esconden secretos, desamores, angustias atroces, penas irreparables, deseos apasionados y mil y un mujeres que a cambio de un beso dejan su recuerdo impoluto por siempre. El semáforo de Malvinas y Directorio, las lluvias en los pasajes, los extraños suceso del colectivo 103, la fuente de la juventud o la calesita de la eterna infancia, son, tal vez, algunos de los ejemplos más claros de lo que sucede en la zona.


Sin embargo, hay cerca de los límites del barrio, en la zona más cercana a flores, una extraña rosa que, aún marchita y desojada, vuelve a florecer.

Los científicos y los eruditos han hecho todo el trabajo para que las rosas sean cursilerías típicas de los amores vacíos. Gracias a la labor incansable de estos hombres de ciencia, los muchachos del barrio han tendido a regalar rosas con facilidad a mujeres por las cuales no valía la pena morir. Sin embargo, los hombres más sensibles de la zona del parque corren tras las florerías deshaciéndose de las plantas con dejo de romanticismo.  Tan solo unos pocos sensibles se quedan con algunas margaritas y recurren a su poder adivinatorio para saber si realmente, María Gabriela, los ama mucho, poquito, o nada.

Sin embargo, no ocurre lo mismo con una rosa encantada. Algunos dicen que fue embrujada por la misma hermosa hechicera  que encantó a un príncipe y lo transformó en bestia, mas no hay pruebas fehacientes que lo puedan probar. Dicen en el barrio del parque, que la rosa tiene el poder de enamorar cualquier corazón, que su captor logrará vencer cualquier miedo y terror, pues al encontrar la rosa se descubre que la vida vale menos que el amor.

Por el contrario de lo que sucede con las rosas comunes, artistas, cantores y literatos sacrifican horas de sueño y se dedican con sudor y lágrimas a la búsqueda de la rosa. Mientras que los científicos y eruditos gastan hojas en monografías explicando la imposibilidad empírica de que una rosa permita conseguir el amor de cualquier dama.  No se sabe si el hechizo ha sido logrado por fuerzas celestiales o infernales. Pero lo que se ha llegado a saber es que la rosa es paciente, por la llegada de algún enamorado que busque luchar contra la desesperación, el miedo, el enamoramiento fugaz y el dolor.

Tal vez, el aspecto más impresionante que involucra a la rosa encantada es su capacidad para florecer aún muerta. Dicen que, como una metáfora de la búsqueda del verdadero amor, la rosa se marchita, se desoja y vuelve a florecer. Enamoramiento y florecimiento hasta el punto más bello de la rosa. La pasión que va muriendo y la rosa que se va marchitando, pero no queremos que el amor muera y por eso la rosa aún marchita no pierde las hojas. Y cuando descubrimos que ese amor ha muerto y nos abrazamos a la nostalgia del recuerdo, los pétalos se precipitan al suelo, como lágrimas con olor a melancolía. Pero la magia existe, y la rosa vuelve a florecer. A veces rápido, a veces mientras se deshoja, pero de seguro que al mismo momento en que de una nueva boca se bebe el dulce vino de unos besos quemantes.

Dos personas dicen haber encontrado la rosa encantada y gracias a las monografías del profesor de semiótica Gerardo Gutierrez, hemos podido rescatar sus historias.

El joven Vicente

El joven Vicente, vecino de la calle Malvinas, creyó haber encontrado la rosa encantada. Con la rosa en la mano fue a la casa de su enamorada del barrio de Palermo y le explicó la historia del hechizo de amor. Su amada la puso en agua y la vio marchitarse en las épocas difíciles, la vio morir y volver a florecer en una reconciliación apasionada. Decidieron que la rosa era un reflejo de su relación.

Sin embargo, ella se acercó un día y le dijo: "Vicente, no te quiero más" y con lagrimas en los ojos le devolvió la rosa muerta. Vicente renunció al amor y escondió la rosa en los limites de caballito y flores.

Parece que la rosa volvió a florecer hace quince días, cuando se sintió enamorado por una chica de Belgrano.

Ramón, el encantador

Por el barrio comenzó a correrse la bola de que Ramón, el hombre bajo, barbudo y pelado de la calle Zaraza había encontrado la rosa encantada. Ramón hacía años que estaba enamorado de Aldina, una bella dama que nunca se fijo en él.

Cuando las mujeres del barrio se enteraron que Ramón había encontrado la rosa encantada comenzaron todas a declarales su amor. Con el amor de todas las mujeres del barrio y la indiferencia de Ramón, Aldina le declaró un amor que había brotado de repente.

Ramón nunca tuvo la rosa en sus manos.

Anotación del autor de la monografía: el amor verdadero puede conseguirse sin la ayuda de la rosa.

1 comentarios:

  1. "Pero la magia existe, y la rosa vuelve a florecer. A veces rápido, a veces mientras se deshoja, pero de seguro que al mismo momento en que de una nueva boca se bebe el dulce vino de unos besos quemantes."

    Me encanta. Te amo.

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